¿Buena o mala? … Suerte

Cuando paseando descubres una puerta tan especial, la primera idea que me surge es la de imaginar cómo serán las personas que ocupan esa vivienda, qué rostro tendrán, qué fotografías les acompañan, si tendrán animales o cuidarán a sus plantas …

Esta puerta apareció ante la cámara por casualidad mientras recorría las bulliciosas calles de la ciudad francesa de Tours. Ese día se estaba celebrando el día de la música y cada rincón, cada plaza, cada acera, dejaba fluir ritmos diversos, en ocasiones, descompasados pero que unidos resultaban enormemente placenteros. Tours es una ciudad vibrante, que recoge sus historia y sus orígenes que se remontan hasta los primeros asentamientos romanos y que ha sabido ir evolucionando con el tiempo sin olvidar las antiguas costumbres como la de los artesanos locales, auténticos guardianes de las tradiciones.

Repasando las fotografías, me acordé de un cuento sufí sobre la buena y la mala suerte que dice así:

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.
El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle: -Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:
-No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.
El hombre, otra vez lo miró y dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:
-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!
Otra vez el hombre lo miró diciendo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe? “

tours (4)Tanto la simbología de la puerta como el cuento, son pequeñas joyas que encontramos en el camino que nos permiten reflexionar sobre el hecho de que las cosas no son tan buenas o tan malas como nos pueden parecer en un  primer instante. Es preciso parar y saber ver lo bueno en lo malo y viceversa. Y si vamos un poco más allá, lo importante es nuestra actitud que nos permita asumir los cambios que deben producirse en nuestras vidas, debemos no añadir más dolor al dolor y saber que las cosas nos afectan más o menos dependiendo de nosotros mismos.

Es una cuestión muy complicada avanzar en estas cuestiones. No resulta fácil ni agradable ver una oportunidad de avanzar cuando nos vemos envueltos en un agujero negro. Pero debemos hacerlo, el sol nos espera cada mañana.

Voy a parar un momento a escuchar la música … ¿La oís? … Alea iacta est … ¿ O no? …

tours (10)