Un guardián, dos guardianes …

El viaje que os vengo a ofrecer este inicio de otoño nos va a permitir alejarnos de nuestra cotidianidad y surcar las nubes del tiempo hasta la antigua Asiria. Concretamente, nos vamos a remontar al siglo IX a.C. y nos vamos a situar en las puertas de unos de sus magníficos palacios. Esta vez, no vamos a tener que abrir ningún vano, si no que nos van a recibir dos guardianes de piedra.
guardianespuerta (1) Los reyes asirios, quienes se entendían a sí mismos como representantes del dios Assur, emprendieron grandes campañas de conquista, que hicieron de Asiria uno de los mayores imperios de la historia de Mesopotamia.Sin embargo, su fuerza no fue sólo militar, pues también su crecimiento tuveo en el comercio otra base. En este contexto, se enmarca la creación de estas estatuas que nos observan desde las alturas. Se conocen con el nombre de Lamassu, Lamasu o Shedu (en lengua acadia lamassu (femenino) o šêdu (masculino); en lengua hebrea שד, šed; en cuneiforme AN.KAL; en sumerio dlamma; en acadio Kuribu; en babilonio-asirio Karabu). Se trata de una divinidad protectora, un ser híbrido legendario que posee cuerpo de toro o león, alas de águila y cabeza de hombre. Surgen en Asiria como elementos apotropaicos para guardar las puertas de las ciudades o palacios de sus monarcas (generalmente en parejas).
Además de benéficos y protectores para los que los poseyesen, estos toros androcéfalos alados infundían temor y respeto a los espíritus maléficos y a los enemigos. Existía una leyenda por la que mataban a los que se aproximaban, excepto a los hombres puramente buenos o totalmente malvados. Es, por tanto, un mecanismo de defensa.
guardianespuerta (2)Los Lamasus se situaban en la entrada por lo que todo el que entra los ve. Si se mira de frente, parece que está quieto y si se mira lateralmente, parece caminar. Son de gran altura para hacer que parezcan poderosos.
El motivo de un animal alado con cabeza humana es común en Oriente Próximo. Los toros, en Mesopotamia, se asocian sobre todo a las corrientes de agua que llevan a la fertilidad, al poder, al estar sobre la tierra, como se aprecia en sus recias pezuñas. Por otra parte, la cabeza humana les dota de inteligencia y tiene larga barba historiada, lo que les liga a las divinidades. La cara esculpida representaba al rey que gobernaba en el momento de levantarse la escultura. Además lleva una tiara con cuernos (también ligada a la divinidad), cabellera espesa y cinturón (que representa el poder). Por el bajo vientre asoman escamas de pez y las alas de águila suponen relación con el sol.
Son seres que recrean el equilibrio entre el cielo, la tierra y el agua, y permiten intermediar entre los hombres y las divinidades. Como espíritus del hogar protegían al pueblo. Se colocaban, generalmente, en pares a la entrada de los palacios y las ciudades, y éstas solían mirar cada una hacia uno de los puntos cardinales.
El Museo de Pérgamo,en Berlín, posee algunos ejemplos … Ahora mismo se encuentra en obras … En 2020 vuelve a abrir todas sus salas … ¿Nos vemos allí? …
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