Veo, veo …

Inauguramos el mes de agosto, cálido y con olor a piscina y arena, con un viaje en el tiempo. En unas semanas cumpliré años, lo que me suele llevar a hacer un pequeño balance del año, los lustros o las décadas. Esto significa que cogeremos el tren hacia mi infancia. Mirando fotografías de aquella época, he descubierto que las puertas ya me acompañan desde entonces. Creo, que siempre han estado ahí velando por mí; lo mismo que mis seres queridos, como mis abuelos, cuya presencia es permanente y palpable, más allá de lo físico.
puertainfancia2Por ello, quiero compartir con vosotros un cuento, ideal para aquellos que tengáis niños cerca. Es un escrito de Pedro Pablo Sebastián que dice así:
Había una vez dos puertas en la misma casa. Una era una bella puerta de salón, mientras que la otra era una puerta de baño del montón, pero en lo que coincidían ambas era en que llevaban una vida de perros. La casa estaba llena de niños traviesos y descuidados que no dejaban de arrearles portazos y golpes día tras día.
Cada noche, cuando todos dormían, las puertas comentaban su mala fortuna, pero mientras la puerta de salón se mostraba siempre harta y a punto de explotar, la puerta de baño la tranquilizaba diciendo:
– No te preocupes, es normal; son niños y ya aprenderán; aguanta un poco y verás cómo todo cambiará a mejor.
Y la puerta de salón se calmaba por algún tiempo. Pero un día, tras una gran fiesta en la casa llena de golpes y portazos, explotó diciendo:puertainfancia3
– Ya está bien. No aguanto más. Al próximo portazo que me den, me rompo y se van a enterar de lo que es bueno.
No hizo caso de las palabras de la otra puerta, y cuando al día siguiente recibió su primer golpe, la puerta del salón se rompió. Aquello causó un gran revuelo y preocupación en la casa, y los niños fueron advertidos para tener más cuidado, lo que llenó de satisfacción a la puerta, que saboreaba su venganza.
puertainfancia4Pero pasados los primeros días de problemas, los dueños de la casa se hartaron de la incomodidad de tener una puerta rota. Sin embargo, en lugar de arreglarla, decidieron cambiarla, así que sacaron de su sitio la antigua puerta y sin ningún miramiento la abandonaron junto a la basura.
Entonces la bella puerta de salón se lamentó de lo que había hecho, pues por no haber aguantado un poco más, ahora se veía esperando a ser convertida en serrín, mientras que su amiga, la vulgar puerta de baño, seguía en su sitio y además era tratada con más cuidado…
Afortunadamente, la puerta de salón no acabó hecha serrín, porque un hombre muy pobre la descubrió junto a la basura y aunque rota, le pareció la mejor puerta que podía encontrar para su pobre casa; y la puerta fue feliz de tener otra oportunidad y volver a hacer de puerta, y de aceptar con agrado las incomodidades de un trabajo tan duro y tan digno como es ser una puerta.

Espero que el hecho de cruzar la puerta echando la vista atrás haya resultado gratificante … Yo, al menos, soy dichosa … Ya lo decía Delibes … Mi patria es la infancia …
puerta